30 Oct ¿Cómo lees?
¿Por que la Biblia tiene tantos enemigos?
¿Cómo Lees? La Biblia
¿POR QUÉ LA BIBLIA TIENE TANTOS ENEMIGOS?
Este libro juzga al hombre, su conducta, su corazón.
Lo desenmascara y le dice la verdad sobre sí mismo
y sobre el mundo al que pertenece.
El diablo odia la Palabra de Dios y se sirve de hombres incrédulos
para tratar de desacreditarla. Pueden ser muy cultos, muy eruditos, grandes filósofos, versados en literatura, muy competentes para decidir una cuestión difícil, para discutir un tema científico.
Puede elegir a personas muy amables y estimables;
pero, al no poseer la vida divina, no entienden
«ni lo que dicen, ni sobre lo que insisten»
(Primera Epístola a Timoteo, capítulo 1, versículo 7)
el hombre natural abandonado a sus propios recursos
«no recibe las cosas del Espíritu de Dios… y no las puede conocer, porque se disciernen espiritualmente»
(Primera Epístola a los Corintios, capítulo 2, versículo 14)
Los escritos y discursos de los incrédulos sobre la Biblia
son como lo que un ignorante podría decir o enseñar sobre astronomía
o un hombre primitivo sobre la desintegración del átomo.
¿SE LE PUEDE AÑADIR O QUITAR ALGO A LA BIBLIA?
Cristo dijo:
«Hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará
de la ley, hasta que todo se haya cumplido.
Por tanto, cualquiera que quebrante uno solo de estos mandamientos por pequeño que sea, y enseñe a los hombres a hacer lo mismo
será llamado muy pequeño en el reino de los cielos;
pero cualquiera que los cumpla y enseñe, será llamado grande
en el reino de los cielos»
(Evangelio según Mateo, capítulo 5, versículos 18 y 19).
El apóstol Juan escribe:
«Yo testifico a todo el que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añade a ellas, Dios añadirá a él las plagas que están escritas
en este libro; y si alguno quita de las palabras de la profecía
de este libro, Dios quitará su parte del árbol de la vida
y de la ciudad santa, y de las cosas que están escritas en este libro» (Apocalipsis, capítulo 22, versículos 18 y 19).
En Proverbios leemos:
«No añadas a sus palabras, para que no te reprenda,
y seas hallado mentiroso» (capítulo 30, versículo 6).
Por tanto, no está permitido a los hombres, ni siquiera a los ángeles, añadir nada a la Palabra de Dios, ni quitarle nada.
Desde el siglo 1, la Iglesia no tuvo más guía que la Biblia.
Así, cuando Pablo y Silas predicaron a los hombres de Berea
«Estos tenían sentimientos más nobles que los de Tesalónica,
pues recibieron la Palabra muy atentamente,
examinando cada día las Escrituras para ver si lo que oían era así» (Hechos de los Apóstoles, capítulo 17, versículo 11)
