Del Santo amor de Cristo “Lelia Naylor Morris”

Del Santo amor de Cristo “Lelia Naylor Morris”

La Historia detrás del Himno

Himno: Del Santo amor de Cristo

Autor: Lelia Naylor Morris

 

Lelia Naylor Morris Nació el15 de abril de 1.862 en Ohio ,y falleció el  23 de julio de 1929

Lelia era la hija de John y Olivia Naylor y fue una compositora estadounidense de música gospel

Lelia fue cristiana, perteneciente a una iglesia metodista , dentro de la cual estuvo muy activa.

Comenzó a escribir canciones en la década de 1890; fue autora de más de 1.500 canciones cánticos e himnos.

Cuando el padre de Lelia volvió de la Guerra civil, en 1866, la familia se movió a Malta ( Ohio ), donde Lelia vivió su infancia.

Su padre, sin embargo, murió en menos de cuatro años, por lo que su madre tuvo que trabajar de costurera para sostener la familia. 

Más adelante Olivia abrió una sombrerería en ( Ohio ), ante el río de Malta , donde Lelia y una de sus hermanas hicieron de dependientas.

Se casó con Charles Hammond Morris, de quien adoptó el apellido, conforme a la costumbre de la época.


Leila Naylor Morris ocupó mucho de su tiempo cantando y adorando a Dios mientras cosía. Aquí está una breve historia de su vida como poetisa y música.

Una  de sus canciónes más conocida es “Del santo amor de Cristo”.
Como sucedía frecuentemente, un día la pequeña máquina “Singer” cosía un vestidito de uno de los tres hijos de Lelia Naylor Morris. Las manos de la madre estaban ocupadas con su costura, pero su corazón estaba adorando al Señor.

De pronto un canto nuevo llenó su mente, así que dejó la prenda a un lado y se sentó al piano para entonar y cantar lo que fluía en expresión de su amor a Dios, después buscó un papel para anotar las palabras y la música, y luego guardó su escrito, considerándolo un regalo de Dios.

Solamente el Señor sabía del tesoro de alabanzas que la señora Lelia iba cantando y guardando en el cajón corredizo de su escritorio. Con el tiempo había muchos himnos que brotaron de su corazón mientras atendía sus quehaceres. Un día comentó a su madre lo que estaba haciendo, y ella le aconsejó que compartiera el archivo de partituras con el director de música de su congregación.  Entonces un dentista, Henry Gilmore, publicó los cantos, y empezaron a ser conocidos en campamentos cristianos y retiros espirituales.

El hogar de Lelia y su esposo, Charles, siempre estaba lleno de estudiantes, amigos y evangelistas debido a su cálido ambiente y excelente colección de libros.

Los visitantes viajeros cantaban con la familia alrededor del viejo piano y llevaban las nuevas alabanzas a otros lugares.


Tres experiencias marcaron la niñez y juventud de Lelia.

A los diez años, después de un servicio dominical, pasó adelante llorando.

Un señor, al ver sus lágrimas, se arrodilló junto a ella y le dijo: Niñita Dios está aquí y muy dispuesto a perdonar sus pecados”.  Ese día experimentó el gozo del perdón y la salvación en Cristo.

El segundo cambio en su vida fue cuando tuvo el privilegio de recibir clases de música.

Ensayaba en el piano de unos vecinos, porque su familia no contaba con recursos para comprar uno.

A los doce años ya tocaba el órgano para los cultos de oración.

Su música siempre estaba dedicada al Señor.

La tercera experiencia radical fue la muerte de su padre.

Por necesidad económica, muy joven Lelia empezó a trabajar en una boutique de sombreros para damas, junto con su madre y hermana. 

En aquella época las mujeres siempre llevaban sombreros con plumas, cintas y flores al salir de la casa.

Atendían bien a los clientes, como si fuera para su Señor Jesucristo.

Aunque lamentaban la falta que les hacía su esposo y papá, aprendieron a confiar en Dios y vivir en victoria espiritual.

Esperando el maravilloso encuentro con seres queridos en la presencia del Señor.


A los diecinueve años Lelia se casó y por casi cincuenta años vivió en la misma casa en un pueblo del estado de Ohio.

Allí se levantó una placa conmemorativa en su honor después de su muerte en 1929.

Cuando tenía 51 años empezó a fallar su vista, y los tratamientos médicos no surtieron efecto.

Para que pudiera continuar escribiendo música, su hijo le construyó un pizarrón con pentagrama de nueve metros de ancho, que le permitió dibujar notas grandes.

Sin embargo, al año estaba completamente ciega.

Una hija, Fanny, vivía lejos y durante visitas anuales, su madre le dictaba la letra y las notas de docenas de himnos y cantos que iba compilado en su mente durante su ausencia, no podía ver, pero su memoria era formidable y seguía atendiendo el hogar.

Otra hija, Mary, se encontraba aún más distante, pues era misionera junto con su esposo en la China.

Su madre siempre había sido activa en apoyar misiones, así que para ella fue una dicha contar con misioneros en la familia, sin reprochar a sus hijas por no tenerlas a su lado.

El yerno tradujo algunos de los mil himnos que había escrito su suegra, y le presentó un himnario en chino.

Se sintió muy bendecida por poder participar en la obra misionera, a pesar de su discapacidad. 

Los cantos de Lelia Morris, una humilde ama de casa que amaba al Señor, han llegado a muchos países, incluyendo la India, África, Corea y América Latina.

En el Himnario Celebremos su Gloria, hay dos himnos que son muy conocidos en español: “A Combatir” y “Del santo amor de Cristo”.

Llama la atención la tercera estrofa de este precioso himno escrito meses antes de quedar totalmente ciega.

Él puso en las pupilas del ciego nueva luz, la eterna luz de vida que brilla de la cruz,

terminado con el coro del himno:

El amor de mi Señor grande y dulce es más y más;
Rico e inefable, nada es comparable al amor de mi Jesús.

A continuación, damos paso a la lectura y canto del himno: Del santo amor de Cristo


Del santo amor de Cristo
que no tendrá su igual,
De su divina gracia,

sublime y eternal,
De su misericordia,
inmensa como el mar
Y cual los cielos alta,
con gozo he de cantar.


El amor de mi Seño
grande y dulce es más y más;
Rico e inefable, nada es
comparable al amor de mi Jesús.


Cuando él vivió en el
mundo la gente lo siguió,
Sus penas y angustias
en él depositaron;
Entonces, bondadoso, su
amor brotó en raudal
Incontenible, inmenso,
venciendo todo mal.


El puso en las pupilas
del ciego nueva luz,
la eterna luz de vida
que brilla de la cruz,
Y dio a sus seguidores
la gloria de su ser
Al impartir su gracia,
su Espíritu y poder.


Su amor, por las edades
del mundo, es el fanal
que marca esplendoroso
la senda celestial,
Y el paso de los años lo
hará más dulce y más
Precioso al darle al alma
su incomparable paz.



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