De boca y corazón “Martin Rinckart”

De boca y corazón “Martin Rinckart”

La Historia detrás del Himno

HIMNO: DE BOCA Y CORAZÓN

AUTOR: MARTÍN RINCKART

Martin Rinckart nació el 23 de abril de 1586 en Leipzig, Alemania

 

Martin Rinckart era uno de esos capellanes provinciales a los que Alemania tenía tantos motivos para estar agradecida.

 

Hijo de un calderero pobre, logró con gran esfuerzo terminar sus estudios en su ciudad natal de Eliemburgo Alemania a fuerza de industria y sus dotes musicales, fue rector de la iglesia en Eisleben.

 

Durante su juventud formaba parte de la Coral de la iglesia donde años más tarde el ministro de música sería Juan Sebastian Bach.

 

A la edad de treinta y un años se le ofreció ser el pastor en la iglesia de su ciudad natal de Eilenburg en Sajonia. Fue allí cuando estalló la guerra de los treinta años y murió justo después de que se estableciese la paz el 8 de Diciembre de 1649.

 

Durante estos treinta años estuvo junto a su rebaño y los ayudó al máximo en todo tipo de angustia. Por supuesto, tuvo que soportar el acuartelamiento de los soldados en su casa y los frecuentes saqueos de sus pocas existencias de grano y enseres domésticos. Pero estas eran cosas pequeñas.

 

Historiadores califican esas tres décadas entre las peores de la historia en cuanto al sufrimiento humano.

 

Todo Alemania padeció terriblemente ese terrorífico baño de sangre que además fue acompañado por dantescas hambrunas, pestilencias apocalípticas, sin hacer cuentas de los estragos en el resto de Europa.

 

En Alemania la población se redujo de dieciséis a seis millones.

 

Eilenburgo al ser una de las pocas ciudades fortificadas, miles de personas desplazadas por la violencia se refugiaron dentro de sus murallas, el resultante asilamiento agravó el efecto de las varias epidemias que azotaron la ciudad.

 

La peor mortandad sucedió en 1.637 dejando a los dolientes en la miseria absoluta.

 

Muchos oyeron del olor a muerte, para respirar un poco de aire fresco inclusive el superintendente de las iglesias se ausentó de la ciudad y rehusó volver hasta que pasara la temible peste.

 

El siete de agosto de aquel año 1637 el pastor Rinckart ofició los funerales de sus dos últimos colegas de la ciudad quienes valientemente no habían abandonado sus rebaños.

 

Durante el sepelio le llevaron más ataúdes y Rinckart tuvo que enterrar los restos mortales de otros dos pastores quienes por las amenazas de los subersivos, se habían refugiado en la ciudad.

 

Por todos lados no había sino muerte y desolación.

 

Solo noventa días antes el 8 de mayo de 1637 Martín había quedado viudo, no tuvo tiempo de lamentar su propia perdida ya que fue el único pastor sobreviviente en la ciudad.

 

 Consoló a los enfermos, los moribundos, atendió a  la iglesia y cada día oficiaba entre cuarenta y cincuenta funerales.

La plaga continuamente cobraba víctimas en todas las familias, para colmo la tragedia seguía empeorando.

 

Suecia invadió el continente aprovechando el desorden absoluto en que se encontraban los países europeos.

 

Eilenburgo fue sitiada en repetidas oportunidades por las hordas vikingas.

 

En esa época el grito del centinela; VIKINGOS A LA VISTA, producía pavor inmediato en los corazones porque era bien conocida y temida su escalofriante fama, la llegada en sus largos barcos de guerra desde los témpanos de mares árticos, helaba también con paralizante miedo a sus indefensas víctimas, comenzando con el burgo maestro quien se escondió en la casa de la suegra.

 

En ese caso los ciudadanos debían escoger entre pagar millones por su rescate o ser borrados de la faz de la tierra. Ante tan imposible exigencia y la falta de autoridad municipal, el pastor Rinckart se atrevió a enfrentar al implacable enemigo el vikingo, acompañado por centenares de sus feligreses.

 

 ¿Con cuales armas? ¿fusiles? ¿dinero?, no, de rodillas orando y cantando.

 

El ejército de Martín Rinckart pidió la paz lo que ningún funcionario ni militar había podido lograr, era un comienzo.

 

El comandante de las huestes escandinavas rechazó de plano las súplicas del pastor, entonces este se dirigió a los fieles diciendo;

 

¿Veis esto mis hijos? Ya que no existe misericordia alguna en el corazón humano y menos en el corazón de piedra de este tirano, refugiémonos en Dios.

 

Al ver la actitud de reverente oración y al escuchar los grandes himnos entonados por Rinckart y su coral improvisada, se ablandó el corazón del cruel e implacable nórdico y aceptó reducir sus exigencias.

 

Por la misericordia de Dios el ejército enemigo se retiró con apenas un pequeño rescate simbólico.

Una vez más Dios usó los himnos para su gloria.

 

Hoy se conservan 66 de los himnos escritos por el pastor Rinckart, todos reflejan firme confianza en su misericordia, gracia, auxilio,el fuerte patriotismo y sobre todo la gran devoción y amor hacia Dios.

 

Pero queremos recordar de manera especial el himno de BOCA Y CORAZÓN que Martín escribió el año anterior a la gran pandemia, el cual fortaleció y mantuvo con esperanza a miles de cristianos durante la violencia y el sufrimiento de aquellos años.

 

No solo se canta de Boca y corazón más que cualquier otro himno en las iglesias alemanas a excepción de Castillo fuerte sino que hoy se refiere a este majestuoso himno como el Te Deum alemán, que se usa con frecuencia durante los actos cívicos de regocijo nacional.

 

El himno es conocido en muchos idiomas, forma parte del tesoro musical que tenemos como Iglesia de Jesucristo.

 

El ejemplo de fe y trabajo de Martín Rinckart nos inspira a cantar, orar, colaborar para que también en nuestra propia patria podamos disfrutar de justicia, y en nuestras familias podamos compartir el gozo, la esperanza y la paz que sobrepasan todo entendimiento de parte del único digno de nuestro culto y adoración, nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.

 

A continuación, damos paso a la lectura del himno De boca y corazón:

 

De boca y corazón;
A Dios agradecemos,
Pues dionos bendición,
Salud, vida y consuelo.


Tan sólo a su bondad
Debemos nuestro ser;
Con su fidelidad,
Nos guía por doquier.

 

Dios rico sin igual,
Danos en cada día
Un corazón filial
Y lleno de alegría.

 

Consérvenos la paz;
su brazo protector
Nos lleve a ver su faz;
En la patria mejor.

 

Dios Padre, mi loor
Se eleva hasta tu trono;.
Jesús mi Redentor,
Tu salvación pregono.

 

Espíritu de amor,
Acepta la oración
Que eleva con fervor;
Mi grato corazón.



Si continúas usando este sitio, aceptas el uso de cookies. Más información

Los ajustes de cookies en esta web están configurados para «permitir las cookies» y ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues usando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en «Aceptar», estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar