Libro del Profeta Zacarías

Libro del Profeta Zacarías

Libro del Profeta Zacarías

 

Un estudio expositivo por Lowell Brueckner

Capítulo 2

La gloria de Dios en Jerusalén

La tercera visión

Una palabra urgente

  1. Entonces alcé los ojos y miré, y he aquí, vi un hombre con un cordel de medir en la

  2. Y le dije: ¿Adónde vas? Y me respondió: A medir a Jerusalén para ver cuánta es su anchura y cuánta su longitud.

  3. Y he aquí, cuando el ángel que hablaba conmigo salía, otro ángel le salió al encuentro,

  4. y le dijo: Corre, habla a ese joven, y dile: “Sin muros será habitada Jerusalén, a causa de la multitud de hombres y de ganados dentro de ella.

 

Dios dijo en 1:16 que un cordel sería tendido sobre Jerusalén. Ahora, en 2:1, vemos a un hombre con un cordel de medir (algunos piensan que es el Ángel del Señor quien mide la ciudad). Primero va a hacer las mediciones para después edificar Jerusalén de acuerdo con las medidas, según el plan previsto.

Hay a personas a quienes les gustan las grandes reuniones y hablan de sentir “la presencia” entre la multitud. Grandes multitudes fueron atraídas a Jesús para verle a Él y para ver los milagros que hacía, para escuchar Sus parábolas y después, volver a su casa, satisfechos por lo que habían experimentado, hablando con todo el mundo de lo que habían visto.

Los doce discípulos siempre estaban con Él, pero también había otras personas que me interesan mucho (Mc.4:10). Cuando la multitud se iba, además de los doce, había otros con ellos que esperaban el momento en el que Jesús estuviera solo. Ellos le preguntaban acerca de las parábolas. Jesús les hizo saber: A vosotros os ha sido dado el misterio del reino de Dios, pero a los de afuera todo es presentado en parábolas” (Mc.4:11). Estas personas no eran de los doce, pero tampoco pertenecían a la multitud en general. Eran personas con hambre y sed de conocer los misterios de Dios. Jesús no sólo les elogió por sus buenos deseos, si no que además les concedió las respuestas que buscaron.

Esta misma característica palpitaba en el corazón del joven Zacarías, y en el versículo 2 él hace su cuarta pregunta. Quería saber qué iba a medir con este cordel. Aquí vemos la misma buena voluntad de parte de Dios y Sus ángeles en contestar las preguntas de quien desea ver los movimientos del Reino de Dios. Jesús es el Verbo o la Palabra de Dios, y las palabras son para la comunicación. Dios es comunicador. Él está más que dispuesto a compartir con los que son sinceros en su búsqueda. Por eso nos ha dado una Biblia.

Digo esto para animar a aquellos que estén leyendo estos pensamientos y tengan un anhelo fuerte de ver y entrar en el conocimiento de lo que está escrito en el libro de Dios. ¡Bienvenido, porque Dios libremente te concederá tus anhelos! Los ángeles están muy involucrados con las cosas de Dios. Su obediencia a Dios es inmediata. Aquí hay un encuentro de dos ángeles. El que estaba hablando con Zacarías se adelantó para hablar con otro ángel que salió a su encuentro (v.3) (¿De los mirtos, enviado por el Ángel del Señor?, sugiere el comentario de Jamison, Faussit y Brown). Toda esta actividad ocurre para comunicar con Zacarías: Corre, habla a ese joven (v.4).

Dios quiere involucrarnos en lo que está pasando, por eso el ángel tiene que correr para darle la explicación. “Ese joven” tiene que estar urgentemente informado en lo que Dios está haciendo, especialmente porque fue elegido para escribir de parte de Dios, guiado por el Espíritu Santo, a la humanidad por medio de la Biblia, al judío primero, pero también al gentil.

El muro de fuego

 

  1. “Y yo seré para ella” —declara el Señor— “una muralla de fuego en derredor, y gloria seré en medio de ella.”

  2. ¡Ea, ea! Huid de la tierra del norte —declara el Señor— porque como a los cuatro vientos del cielo os dispersé yo —declara el Señor.

  3. ¡Ea, Sion, tú que moras con la hija de Babilonia, escápate!

  4. Porque así dice el Señor de los ejércitos, cuya gloria me ha enviado contra las naciones que os despojaron, porque el que os toca, toca la niña de su ojo:

  5. He aquí, alzaré mi mano contra ellas, y serán despojo para sus esclavos. Entonces sabréis que el Señor de los ejércitos me ha enviado.

 

La palabra tiene que ver con una Jerusalén tan poblada por habitantes y ganado que se extenderá más allá de los límites de la ciudad. Es difícil que sea la Jerusalén de Nehemías, por la cual él se entristeció porque no tenía muros, sino una Jerusalén futura, de la que habla Ezequiel 38:11. “Subiré (Gog y sus aliados) contra una tierra indefensa… que habitan en ciudades sin murallas, sin puertas y sin cerrojos” (lee todo el capítulo). Es una tierra que mora segura. Esta profecía no se ha cumplido todavía.

Está hablando de una protección directa del cielo y de un pueblo que confía solo en el Señor y no en muros terrenales (v.5). Está protegida por un muro de fuego y Su gloria brilla en toda la ciudad. El fuego es la gloria de Dios. Una misionera en China, durante la rebelión Boxer, recibió la promesa de un “muro de fuego” alrededor de ella, y por eso vivió y viajó confiando en Dios en ese tiempo tan peligroso. Eliseo sabía de este muro de fuego y quiso que Dios se lo mostrara a su siervo (2 Reyes 6:17). Hoy en día, hace mucha falta una demostración de un contacto directo con el cielo en todos aspectos de la vida cristiana. Es fácil hablar de fe, dice una canción, cuando todo nos va bien.

La promesa de seguridad es para Jerusalén, y Su pueblo tiene que volver para habitar allí. Aparte de lo que podía estar pasando en Babilonia en el día de Zacarías, donde los judíos pasaron los 70 años de cautiverio, un cumplimiento más perfecto de este mandamiento de huir de la tierra del norte, ocurrirá en el tiempo de la tribulación (v.6). El mismo mandamiento se repite en Apocalipsis 18:4. Fue escrito en el año 95 d.C. y está reservado para el fin. Los “ea, ea” del versículo 6 son un despertamiento para cualquier pueblo que profesa ser de Dios, pero literal o espiritualmente, está cohabitando con los babilonios. Aunque debe estar en Sión, está en Babilonia, y el juicio de Dios está para caer allí (v.7).

“Como a los cuatro vientos del cielo os dispersé yo”. La invasión de los babilonios era el principio de la perturbación y dispersión de los judíos. Sin embargo, fue más por la invasión de los romanos en el año 70 d.C. que Dios esparció a los judíos a los cuatro vientos. Durante los muchos años después de la dispersión, Dios ha tenido Su ojo sobre Su pueblo Sión en todas partes del mundo (v.8). Fue una dispersión que duró 1944 años, aunque a principios del Siglo XX, los judíos empezaron a sentirse impulsados por Dios a volver a su tierra. Este regreso fue en aumento, especialmente después de 1948, cuando Israel fue constituida como nación. Todavía siguen volviendo. Fue por la mano de Dios que fueron esparcidos, pero les ha recogido otra vez (Det.28:64; Jer.16:14-15).

La gloria de Dios en el castigo

 

Dios de los ejércitos vuelve a hablar, diciendo que va a actuar con poder para llevar a cabo su retribución contra las naciones que perseguían a Israel. Es decir, el Ángel del Señor habla. JFB dice: “Después de restaurar la ‘gloria’ (Zac.2:5,Is.4:5,Ro.9:4), que es la presencia de Jehovah en Jerusalén, Él (Dios el Padre) me (Dios el Hijo Is.48:16; el Ángel divino: Dios al mismo tiempo siendo el que envía y el enviado) ha comisionado visitar en Su ira a ‘las naciones que os despojaron’. El doble oficio del Mesías, dado del Padre es: 1) manifestar la gloria de Dios dentro de Su pueblo (v.5), y 2) castigar a sus enemigos (2 Tes.1:7-10). En ambas obras, el propósito es manifestar Su gloria.”

 

El principio de que la gloria de Dios se manifiesta en su justicia contra los enemigos, es afirmado por Pablo, muy claramente, en el Nuevo Testamento: “Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron (por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros)” (2 Tes.1:6-10).

Es la manera en la que Dios actúa; primeramente muestra Su gracia a los que reciben su favor y después castiga a los que no están bajo Su gracia. Primeramente fueron salvados Noé y los suyos, después fueron destruidos los demás; Lot escapó de Sodoma primero, seguidamente vino la destrucción; Israel fue salvado pasando por el mar Rojo, después se hundieron las huestes de Faraón. Así se manifiesta Su gloria.

¡Fíjate cómo Dios cuida a Su pueblo como a la niña de Su ojo! Si alguien les ofende a ellos, Dios lo toma como algo personal (v.8). ¡Ten cuidado de la gente que se opone al pueblo de Dios! Esto mismo hay que verlo de otra forma también: En verdad, la primera meta de los perseguidores no es oponerse al pueblo, si no a su Dios. Utilizan a Su pueblo para atacar a Dios. “Yo alzaré mi mano contra ellas”, como en Is.19:16, y la situación se cambia completamente (v.9).

Sigue hablando el divino Ángel del Señor: Será reconocida su comisión. Esta fue su palabra para Israel cuando andaba sobre la tierra, revelada especialmente en el Evangelio de Juan (8:28; 9:30-33; 10:37-38; 14:10-11; 17:4). Los que eran esclavos, tomarán cautivos a sus amos. Debemos estudiar la profecía porque al ver su cumplimiento creemos la palabra de Dios (Jn.13:19; 16:4). Vemos que así fue con los discípulos de Jesús, cuando Él purificó el templo: “Recordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu Casa me consumirá” y “respondió Jesús, y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré sus discípulos recordaron que había dicho esto, y creyeron a la Escritura y a la palabra dicha por Jesús” (Jn.2:17,19,22).

Emmanuel, Cristo, reina en Jerusalén

 

  1. Canta de júbilo y alégrate, oh hija de Sion; porque he aquí, vengo, y habitaré en medio de ti — declara el Señor.

  2. Y se unirán muchas naciones al Señor aquel día, y serán mi pueblo. Entonces habitaré en medio de ti, y sabrás que el Señor de los ejércitos me ha enviado a ti.

  3. Y el Señor poseerá a Judá, su porción en la tierra santa, y escogerá de nuevo a Jerusalén.

  4. Calle toda carne delante del Señor, porque El se ha levantado de su santa

 

Morar en medio de Su pueblo es el fin perfecto de la venida del Mesías, que no se cumple hasta Su segunda venida (v.10). Será Emmanuel entre Su pueblo (Is.40:10-11). Cuando el Hijo de Dios vuelva a la tierra y gobierne desde Jerusalén entre Su pueblo judío, será un tiempo de gran regocijo.

Jerusalén será el centro de mando de toda la tierra. La nación de Israel será un país cristiano y gran parte del mundo gentil también será cristiana en esos días (v.11) Una vez más, no habrá lugar para dudar de que Jesucristo ha sido coronado de gloria y poder por el Padre. Al volver del cautiverio, los judíos y su templo empezaron a recibir honor, incluso, de los reyes de la tierra. Ciro fue el primero, seguido por Darío; después Alejandro, Augusto y Tiberio, hasta el tiempo de Jesús. Además había muchos prosélitos. Según JFB, “esto sólo fue una sombra de la conversión futura de los gentiles que resultará cuando Jehová more en Jerusalén”.

El Mesías fue reconocido como el enviado por Su juicio sobre las naciones, pero ahora por ser enviado especialmente a Israel. Jehová el Señor dice: “habitaré” y Jehová el Señor “me ha enviado a ti”. El que habita y el que fue enviado a habitar es el mismo Dios. La trinidad está claramente manifestada en el Antiguo Testamento.

Que los gentiles se unan y sean para el Mesías, no quitará la parte especial que Israel ocupa en el Reino de Cristo (v.12). Judá será Su heredad y Jerusalén estará sobre todas las ciudades de la tierra. Su tierra sigue siendo “la tierra santa”.

“¡Calle toda carne ante el Señor, porque Él se ha despertado en su santa morada!”“Toda carne”, quiere decir, todos los hombres de todas las partes del mundo que han tomado la tierra y reinado sobre ella. (v.13) Durante seis mil años, los gobiernos del hombre han fracasado. Ahora se callará y Dios “se despertará” para reinar en los últimos mil años de historia de este planeta. El Mesías gobernará el mundo en justicia, paz y gozo, para dar testimonio de cómo debe ser esta tierra. Entonces la tierra dará más que suficientes evidencias de la sabiduría de Dios por haberla creado y por su existencia.



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